¿De qué depende que la gente decida cuidar del ambiente?

 

Sabemos bien que dentro de nuestro país se encuentra una de las ciudades más grandes del mundo: la Ciudad de México, la cual concentra las más importantes actividades económicas, políticas y culturales del país. Sin embargo, es producto de una expansión urbana sin planeación y alberga la quinta parte de la población total de la República. 

Recientemente me mudé de nuevo a la gran Ciudad de México, después de vivir fuera por más de veinte años y al regresar y ver  el crecimiento desbordado de la ciudad no pude más que sentirme abrumada y desesperanzada… por unos minutos. ¿Cómo es que esta ciudad sigue funcionando aún? 

Este crecimiento desbordado -mayor industria, mayor cantidad de automóviles, mayor infraestructura, mayor cantidad de personas por metro cuadrado- nos dan como resultado una ciudad insostenible, es decir,  que no tiene para donde crecer más, una ciudad que no nos da buenos pronósticos a futuro, ni buena calidad de vida en el presente. Basta notar la pésima calidad de aire que respiramos todos los días o la inestabilidad en el abastecimiento de agua o de los servicios ambientales que nos provee nuestro entorno en decadencia. 

Esta realidad nos lleva a preguntarnos: ¿qué opciones tenemos? ¿nos rendimos ante el deterioro ambiental de magnitud considerable y esperamos a que todo se colapse eventualmente? o  ¿nos unimos a los movimientos de personas organizadas que están tomando acciones como hacer un consumo de productos responsable (informado, selectivo, local, sin empaques innecesarios)? A personas que cambian su estilo de vida a uno lo más “zero waste” posible, que se involucran desde sus actividades profesionales o cotidianas en temas ambientales, que se informan y educan al respecto, y lo más importante, que ponen en práctica lo que saben en teoría, que son congruentes.

Pero, ¿de qué depende esta elección? ¿de qué depende que algunas personas, instituciones o colectivos de personas se apasionen por comprometerse y decidan realizar un esfuerzo extra por hacer estos cambios en sus vidas a cambio de la promesa (o esperanza) de rescatar nuestro mundo del colapso? 

La realidad es que existen muchos perfiles diferentes de personas que conforman estos movimientos pro ambientales, no creemos que sólo se trate de personas mejor informadas o mejor organizadas. Creemos que existe una razón más allá para impulsar esta motivación de cambio y acción. 

Es verdad que la industria contribuye con el 12.6% anual de los contaminantes atmosféricos del país, sin embrago, todos nosotros conformamos esta gran ciudad, este gran país y este planeta tan único en su galaxia. Todos somos comunidad y todos debemos contribuir a mejorar la calidad de vida en beneficio de todos. ¿O es que en realidad deberíamos seguir intentando convencer a la gente de que la urgencia es real? 

Aunque, seguramente, no existe una respuesta breve o una fórmula para obtener un compromiso ciudadano hacia la mejora social y ambiental, éstas son preguntas que las personas que nos dedicamos a los temas ambientales usualmente nos hacemos para entender cómo contagiar esta urgencia por hacer cosas que nos den un mejor panorama para nuestro futuro común. 

Queremos agradecer a todos los que ya están haciendo algo al respecto, queremos reconocer el esfuerzo que están haciendo cada día con cada acción reflexionada que toman. Gracias a todos los que han tomado nuestros cursos, participado con nosotros en proyectos hacia la sustentabilidad. Cada vez somos más y cada vez nos organizamos mejor. 

A todos los que, por cualquier razón, no han podido dar esos pasos, queremos decirles que ningún paso es pequeño y que nunca es tarde para unirte a este barco. ¡Bienvenido!